25 de mayo del 2015
Resfriada, con un dolor terrible de muela, con el día libre (después de toda la semana trabajando sin descanso) y con la imperiosa necesidad de "salir", de "escapar", de "respirar montaña" de nuevo...
- ¿Vamos a la mountain mañana?- le pregunté por whatsapp la noche anterior a mi compañero de rutas.
- Vale, ¿a qué montaña quieres ir?
- Mmmm... ¿ O Cebreiro?- le dije bromeando. Aunque gran parte de mí lo decía muy en serio: "vayámonos", "larguémonos de una vez de estas vidas que realmente no deseamos vivir", "vamos a por una aventura, de las de verdad, de las que marcan un antes y un después"... eso era realmente lo que le estaba diciendo en ese instante.
-Jajaja ejem ejem- Esa fue su contestación. "Yo también quiero, aunque no me atrevo" fue lo que yo interpreté.
Pero, aunque no fuéramos al Cebreiro en calidad de peregrinos a Compostela, ahí estábamos los dos el 25 de mayo, montados en caballito salvaje (como llamo al corsa de Alejandro) con nuestras mochilas y la ropa de montaña camino a hacer una pequeña excursión...

